Encontrar a Dios en la Ciudad

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Encontrar a Dios en la Ciudad

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mauro aguirreEn los últimos la Iglesia católica viene proponiendo una pastoral urbana que responda a la evangelización en las ciudades, donde cada vez más existe una masiva concentración de personas humanas, por muchas razones sociológicas y antropológicas que hacen que la ciudad se ha convertido en un lugar propio de nuevas culturas y que se va imponiendo con un nuevo lenguaje y una nueva simbología.

Esta mentalidad urbana se extiende también al mismo mundo rural. En la ciudad, conviven diferentes categorías sociales tales como élites económicas, sociales y políticas, la clase media con sus diferentes niveles y la gran multitud de los pobres, en ella coexisten binomios que desafían cotidianamente tradición-modernidad, globalidad-particularidad, inclusión exclusión, personalización-despersonalización, lenguaje secular-lenguaje religioso, homogeneidad-pluralidad cultura urbana-pluriculturalismo.
El fenómeno del urbanismo ya ha asumido dimensiones globales más de la mitad de los hombres del planeta vive en las ciudades, las ciudades presentan grandes oportunidades y grandes riesgos pueden ser magníficos espacios de libertad y realización humana, pero también terribles espacios de deshumanización e infelicidad y puede generar una oscura anti-ciudad, parece que junto a los ciudadanos existe los no-ciudadanos, personas invisibles, pobres de recursos y calor humano que viven en no lugares y que viven de las no-relaciones, se trata de personas a las que nadie les dirige una mirada, una atención, un interés, no son los anónimos, sino los anti-hombres. Ante estos tristes escenarios, debemos recordar siempre que Dios no ha abandonado la ciudad. Él vive en la ciudad, los evangelizadores tenemos que tener un acercamiento a los fieles para estimular su fe, esperanza y caridad y con una mirada contemplativa que tenemos que descubrir a Dios que habita en los hogares, en sus calles, en sus plazas y Dios nunca está ausente de la ciudad, porque nunca está ausente del corazón del hombre. Los fieles laicos descubren al Espíritu Santo y se convierte en anunciadores felices del evangelio. Así en la ciudad existe un terreno de apostolado mucho más fértil de lo que muchos se imaginan, tenemos que ver la ciudad con los ojos de Dios, Recordemos que nuestro mundo está lleno de contraindicaciones y de desafíos, pero sigue siendo la creación de Dios y aunque herido por mal, siempre es objeto de su amor.