“…nada es verdad, …nada es mentira…”

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jacinto salasEn Semana Santa, una lectura obligada es la pasión del Señor, y en ella, un pasaje: la presencia de Jesús ante Pilatos, que desencadenaría el trágico final.


En el diálogo de Cristo con el gobernador romano, según opinan algunos comentaristas, hubo una pregunta de este, “…¿Qué es la verdad?”cuya respuesta habría constituido una clave profunda para la humanidad:  Lamentablemente no la hubo. Pilatos se retiró antes de escucharla.
Todos, es posible, tenemos un concepto de la verdad. Sobre todo el presidente que semana, a semana, machaca: “… la verdad, sólo la verdad, nada más que la verdad…”. Pero, ¿cuál verdad? Porque quienes siguen su discurso, también escuchan una sarta de calificativos: falsos mentirosos, corruptos, farsantes … etc.,  atribuidos a quienes disienten con su pensamiento, ponen en duda sus decisiones o aventuran teorías que contradicen la corriente oficial. En ese discurso no hay espacio para una equivocación, error de interpretación, malentendido, no.
Porque de lo que se ve y de lo que se practica, estamos llegando, si ya no vivimos un escenario de verdades únicas. En otras palabras, de afirmaciones dogmáticas, como si el ejercicio de la política, fuera una religión, la administración pública certezas incontrovertibles o inapelables, que se difunden y  sostienen en una atmósfera atosigante de propaganda.
Pero lo que se olvida es que no existen verdades absolutas,- salvo tal vez las divinas -, aun cuando los que están y disfrutan del poder traten de convencernos de ello. Que la verdad es una búsqueda permanente. Y que la obligación del poder, si es honesto y transparente es contribuir, facilitar el conocimiento de la verdad y no  imponerla.
Por eso son válidos los versos del poeta español Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad, nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira…”
La construcción de verdades únicas soloacentúa el autoritarismo, la intolerancia, los procesos inquisitivos, en definitiva la identificación del enemigo al que hay que destruir y aniquilar.