La luz de Simón Rodríguez

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La luz de Simón Rodríguez

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marcelo almeida pastorLos hombres marcan la historia de sus pueblos y las épocas definen su carácter. El 28 de febrero a 161 años de la muerte del pensador, filósofo, político y educador Don Simón Rodríguez, la antorcha del pensamiento americanista se mantiene encendida.

Cuando él nació (1771) el dominio colonial español quería prolongar la gula del saqueo de materias primas. Eran momentos que atisbaban el parto de los montes; estaba en la fragua la construcción de un pensamiento independentista y los futuros próceres aprendían lecciones, recorriendo el mundo, con experiencias de otras formas de organización social.
Rumazo González dice “La vida del maestro caraqueño, ensanchada largamente hasta los ochenta y tres años, se divide en cuatro etapas nítidamente diferenciadas: un cuarto de siglo en Caracas; otro, en siete países de Europa; un tercer lapso –siete años- desde su retorno del Viejo Mundo hasta la muerte de Bolívar; y, un cuarto de siglo final, en el que publica sus obras… El ir es ascendente; los numerosos fracasos traen siempre germen de reactivación titánica”
El visionario educador auspició el pensamiento libertario, Simón Bolívar en una carta refiere: “No puede Ud. figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que Ud. me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que Ud. me ha regalado. Siempre presentes a mis ojos intelectuales las he seguido como guías infalibles. En fin, Ud. ha visto mi conducta; Ud. ha visto mis pensamientos escritos, mi alma pintada en el papel, y Ud. no habrá dejado de decirse: todo esto es mío, yo sembré esta planta, yo la regué, yo la enderecé tierna, ahora robusta, fuerte y fructífera, he aquí sus frutos; ellos son míos”
Rodríguez diseñó el sistema educativo de las naciones libertadas, en Ecuador trabajó como docente (Colegio Vicente León, Latacunga). Su palabra está vigente, defendió a Bolívar en “El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de Armas” (1830). Es una muestra de su fulgor.

Marcelo Almeida Pástor
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