¿De nuevo los Pichirilos?

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¿De nuevo los Pichirilos?

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jacinto salasCorría el año 1955., El presidente Velasco Ibarra era sometido a una implacable crítica. Alejandro Carrión, desde su columna en el diario “El Universo, denunciaba la corrupción, los negociados que, supuestamente, pasaban desapercibidos para el poder.


Ese periodista combativo molestó al régimen. Aparentes razones legales lograron una primera sanción: el famoso 4/30, 4 días de cárcel y 30 sucres (en ese tiempo), de multa.
La condena no amilanó al periodista. Su análisis y crítica arreciaron. Una noche de abril de 1955, Carrión fue subido a un auto y llevado a una solitaria  calle del norte de Quito. Golpeado, pateado fue abandonado tras ser sometido a uno de los vejámenes más ruines contra una persona.
La ciudadanía identificó muy pronto a los actores. “los Pichirilos”, rudos integrantes del cuerpo de pesquisas del ministerio de Gobierno.
2. 1978. El país cansado de la dictadura militar vivía una etapa de transición. “El fiscal del pueblo”, Abdón Calderón Muñoz, ex director supremo del Partido Liberal Radical del Ecuador, intensificaba sus ataques contra el Gobierno desde su columna, en el diario El Universo, que escribía bajo el seudónimo de Marco Santos. Hasta una noche cuando caminando por las gradas del templo masónico, fue abordado por un joven que bajó de una motocicleta y le disparó. Mortalmente herido, Calderón Muñoz moriría poco después en Miami adonde fue trasladado para salvarle. Las balas habían silenciado al “fiscal”.
La lucha infatigable de la prensa permitió identificar al culpable: el ministro de Gobierno, general Bolívar Jarrín Cahueñas.
3. 20 de febrero. Luego que el poder declarara “la guerra a las redes”, acusado de “difundir mentiras” y luego de ser identificado, recibir un mensaje intimidatorio acompañado de un ramo de flores, “Crudo Ecuador” cerró su página en internet. Se silenció precisando: “Usted ganó…”.
Entrevistado, explicó: “… enviaron flores…,  sembraron el odio hacia mí…  Tenían mis datos, tenían todo de mí…”.
Prefirió no exponer a su familia, porque comediditos, u obligados, los nuevos “Pichirilos”, cumplen el mismo papel: amedrentar, intimidar. Las armas son las mismas. El poder lo sabe.