Analfabetismo, inequidad e injusticia

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marcelo almeida pastorMuchos dirán, solamente el hambre se cuela en las miserables casuchas de los pobres; pero, hay otro mal que actúa igual o peor y que hace que las personas se sientan como si no lo fueran.

El analfabetismo es un visitante mudo que devela inequidad e injusticia social, con él hombres y mujeres deambulan como autómatas, como quienes tienen el tiempo y el espacio perdido de manera definitiva.
El analfabetismo no tiene sólo el rostro envejecido de las personas con avanzada edad, también se muestra en los semblantes jóvenes de quienes no pueden ir, a tiempo, a la escuela; porque resultan atrapados por el trabajo infantil, la calle o las desventuras familiares, humanas y sociales. Las estadísticas revelan que actualmente en el mundo hay unos 700 millones de analfabetos; esto quiere decir, el 10% de la población humana. Ser analfabeto es no tener derechos cívicos ni oportunidades de progreso, aquellos seres tampoco tienen autoestima elevada, se consideran una carga social y se avergüenzan de serlo. Son fácil presa para la explotación laboral y muchas veces aventureros, demagogos y oportunistas se aprovechan de su ingenuidad para el maltrato y el vicio.
Los Programas de Alfabetización "Yo, sí puedo", fueron una luz al final del túnel para redimir el deseo y el ansia con la cual muchas personas, en la sociedad, buscan procurarse las letras y la cultura para ser alguien en la vida. Leonela Relys, la pequeña maestra que diseñó el método, no sólo para los cubanos, logró alfabetizar en veinte y ocho países a más de 8 millones 800 mil personas.
Una obra sencilla pero efectiva. Leonela decía: "Cuando lo estábamos implementando en distintas partes de América Latina nos dimos cuenta de que había personas que no podían leer ni escribir porque tenían problemas en la vista. Entonces comenzó la Operación Milagro para devolver la visión a todas esas personas y que eso no fuera limitante para aprender".
¡Leonela con tu partida, dejas un vacío enorme! Quiera el destino seas un ejemplo a imitar.

Marcelo Almeida Pástor
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