Viene la mascarada

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Viene la mascarada

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myriam valdiviesoDice la leyenda que en la noche del carnaval  todo vale,  y por eso hay que ponerse  una máscara para ocultarse  en el disfrute  que convoca esta festividad donde la condición humana sale a flote y el desenfreno se apodera del cuerpo. Existió desde hace mucho, su  origen data de cinco mil años  atrás,  ya que en la antigua Sumeria y en Egipto se celebraba con cánticos y bailes, tal vez algo parecido a lo que  luego hicieron los romanos en sus fiestas paganas, en honor al  dios Baco, aquel hacedor del vino que tantas palabras saca,  o a las Saturnales en honor a Júpiter y Saturno; y,  las Lupercales, donde el lobo animal que representa a Fauno Luperco se comportaba como lobo humano, todo en medio de una metáfora sobre  la transición de la adolescencia y la  iniciación del ser humano a la edad adulta, es decir  el reconocimiento de otra dimensión de su sexualidad.
En las Saturnales la realidad social danzaba dentro de un juego invertido, pues el señor se convertía en esclavo y el esclavo en señor, lo prohibido era permitido, la modestia se transformaba en lujo y derroche. Júbilo, placer, caos, bulla, así era como un pueblo se embriagaba en la  bacanal magia de romper momentáneamente con la cotidianidad de la vida, la estratificación social, la moral, las buenas costumbres. Ya luego vendría  el arrepentimiento a lo vivido  en la dimensión religiosa que fue impuesta con  el  catolicismo posterior al paganismo y al establecimiento de la cuaresma como el tiempo del mea culpa  por todo el disfrute.
Ahora sucede algo similar, sin más dioses que honrar, que el propio humano reeditando sus satisfacciones reprimidas;  saca a flote por cuatro, ocho días, lo que su calendario le prohibe los trescientos sesenta días restantes;  es el encuentro con lo permitido temporalmente, con la salvedad carnavalesca que acepta el desenfreno como la excepción a la moralidad impuesta,  no puede existir regla sin excepción y eso es el Carnaval.
Estamos viendo que el  jolgorio ya se apoderó  de los cuerpos, será difícil salir de él sin haber satisfecho sus demandas, nada mejor que un tiempo para comer y beber a la romana, pues ellos lo hacían conscientes de que mañana morirán. Sentir al cuerpo en el desequilibrio permite  encontrar el punto medio precisamente.