Año de la vida consagrada

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Año de la vida consagrada

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mauro aguirreEl Papa Francisco ha declarado el “año de la vida consagrada”, con un mensaje eclesial sobre el gran valor de esta vocación de miles de hombres y mujeres que apoyan con sus múltiples carismas a la obra evangelizadora de la Iglesia siguiendo el mandato de Cristo “Id y predicad el evangelio”. Los religiosos, pues, fieles a su profesión, dejándolo todo por Cristo lo siguen a él como la única cosa necesaria, oyendo su palabra, solícitos de los intereses de Cristo.

Por lo cual los miembros de cualquier instituto, buscando ante todo y únicamente a Dios y el servicio en tantísimas obras de caridad con los pobres, enfermos y vulnerables. Siempre debemos estar agradecidos con este don de Dios, manifestado a través de los religiosos que cumplen un papel primordial en los distintos países y diócesis del mundo. Que admirable es su ejemplo dice el Papa y lo viven con una alegría y gozo en Espíritu Santo.
Hay en la Iglesia muchísimos institutos de sacerdotes o de hermanos consagrados que están entregados a diversas obras de apostolado con dones diferentes. La vida religiosa laical, tanto de hombres y mujeres constituye en sí un estado completo de la práctica de los consejos evangélicos. Es necesario, pues, que los religiosos procurando conservar fielmente su vocación escuchen las palabras del Señor y confiados en el auxilio de Dios, no presuman de sus propias fuerzas y practiquen la mortificación y la guarda de los sentidos. No omitan tampoco los medios naturales útiles para la salud del alma y del cuerpo. Con ello conseguirán no dejarse llevar por falsas doctrinas y con la debida madurez sicológica y afectiva se integren en la vida común, a ejemplo de la Iglesia primitiva, en que los creyentes tenían un corazón y un alma sola, los religiosos hónrense a porfía unos a otros con trato fraternal.
La Iglesia Católica a pesar de las deficiencias y ambigüedades de algunos de sus miembros, ha dado testimonio de Cristo, anunciando su Evangelio en el mundo, a veces viviendo el martirio de su testimonio. Tenemos que orar siempre para que el Señor continúe llamando a muchas almas generosas para ser los discípulos y misioneros que van promoviendo la dignidad y la promoción humana en los campos de la salud, economía solidaria, educación, trabajo, acceso a la tierra, cultura, vivienda y asistencia, entre otros.

Padre Mauro Aguirre
ESPECIAL PARA “EL NORTE”