Oración fúnebre (René Michele Morales Suárez)

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Ha llegado a tú Casa Señor, nuestro hijo René Michele Morales Suárez, miraste sus ojos, ante Ti se presentó, con sus manos llenas de amor y su corazón lleno de nombres, con sus pies cansados, cargados de mil caminos recorridos. Ha podido al fin hablarte de sus caminos, de sus sueños cumplidos y de aquellos que quedaron por realizar, de sus esperanzas y sus ilusiones.


Presiento que René Michele Morales Suárez se presentó ante Ti con algo de pesar Señor, recordó sus caídas y sus cansancios, aquellas noches y días de batidas, controles y operativos, donde primó el desasosiego y desaliento, pero que la fe y la confianza en Ti lo superó. Seguro que habló contigo del amor de su familia, sus padres, su esposa, de su tesoro más preciado sus hijos, amigos, de los valores de la bondad, el trabajo y la honestidad, habló de la luz de la sonrisa del sentir de la alegría, especialmente de los momentos compartidos con su esposa, sus hijos, del olor del camino y de la melodía de nuestro cantar. Sin duda se asombró de tu mirada y descubrió que siempre le acompañaste y transformaste sus límites en posibilidades, su debilidad en su fuerza. Ha llegado al umbral de tu puerta Señor, René Michele Morales Suárez. Nuestro amoroso hijo, le has mirado a sus ojos y con tu mirada le has dicho tantas pero tantas cosas. Pero sé que ése día, solo le preguntaste ¿Cuánto has amado?
Silencio y paz, René Michele Morales Suárez. Ha sido llevado al país de la vida, de la vida eterna, al seno del creador. Hoy habita en la morada de Ti Señor, en donde todo es descanso y paz, una paz eterna y su vestido es luz, la luz para siempre. Silencio y Paz. ¿Qué sé yo de todo esto, qué sabemos todos de esta partida? Señor Dios todopoderoso, Señor de la historia, dueño del ayer y del mañana, en tus manos están las llaves de la vida, que nos permite entender la eterna partida de la tierra, de nuestro recordado y querido hijo. No debemos preguntar, sabemos que tú lo llevaste contigo, bajo tu protección y abrigo, y nosotros como humanos que somos, cerramos los ojos, bajamos la frente y simplemente te decimos, que se haga tu santa voluntad. Paz en su tumba.

Roberto Andrade Sánchez.
Especial para diario EL NORTE