La esperanza nunca muere

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La esperanza nunca muere

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myriam valdiviesoComo cada nuevo amanecer, el año que empieza llega repleto de luz. Nace en cada uno de nosotros la esperanza que el paso cronológico del tiempo traerá un remesón al estancamiento de la vida; nada más vitalizador para la escuálida condición humana que se alimenta de cábalas, amuletos, baños dulces, ritos, cuyo significado se liga a la posibilidad de tener salud, dinero, amor; en otras palabras convertirnos en súper humanos adinerados, inmortales y bien queridos que por arte de magia harán realidad sus sueños.

Si así se empieza y con el paso de los días vamos constatando que aquella luz esperanzadora se convierte en mechero que no alumbra como esperábamos, que la flaqueza y falta de decisión en la vida nos detiene al punto de paralizarnos, si nos entregamos al quemeimportismo, a la mediocridad, al conformismo, a la negligencia, a la vagancia, no será culpa del AÑO los fracasos y remezones que nos lleven a llorar o lamentarnos de nuestra “mala suerte”.

Cada uno de nosotros es el hacedor de las alegrías y penas, somos arquitectos que construimos torres que se caen con el primer soplo o estructuras con cimientos profundos que no podrán ser derribadas ni por un terremoto. El día que cada persona comprenda que la dimensión de sus actos trae consigo causa y efecto, será dueño de su caminar a la par de un crecimiento de conciencia que le conducirá a grandes o pequeñas metas, pero objetivos al fin, que le harán despertar con esperanza cada día.
No podemos sobredimensionar el paso del tiempo, tampoco atribuirle poderes mágicos; lo prudente es convivir con cautela junto a él, sabiendo que cada año nuevo nos brinda una posibilidad de empezar de nuevo, de ser mejores que ayer, y que el mañana nos lleve a ser mejores que hoy; en otras palabras que seamos capaces de asumir nuestra responsabilidad por las cosas que hacemos o dejamos de hacer, tomando en cuenta que el tiempo se agota, es implacable porque nos aleja de la vida, pero que mientras cumple su función está expectante de los giros que queramos dar en esa lucha eterna por alcanzar desde un papel cargado de propósitos lo que no nos decidimos a hacer en la práctica.
Que el nuevo año nos despierte de letargos, silencios, acomodamientos, indiferencias, porque no hay nada mejor que estar “pilas” frente a los traspiés que de ley vendrán. No hay dos glorias.