30-07-2018 | 00:52
(O)
Jacinto Salas
Momentos
salasjacinto@yahoo.com

A 150 años de una noche trágica

Aprender a enfrentarlas es obligación de líderes y de los colectivos que las vivieron.

    Se asegura: el tiempo borra las heridas. No cabe duda, el aserto se cumple fielmente en Ibarra, se complementa en Imbabura y se expresa con claridad en la región Sierra-norte, mucho más si la tragedia ocurrió hace 150 años. Los sobrevivientes del espantoso drama, en la fatídica noche del 16 de agosto de 1868, seguramente transmitieron su dolorosa experiencia a sus descendientes. Sin embargo, pocos tuvieron el valor de narrarla y dejar escrito, para la posteridad, el relato de la destrucción, muerte, pero también la decisión de despertar a una nueva vida, refundando aquellos pueblos y ciudades que el sismo redujo a escombros. Fue un hecho de optimismo y esperanza que marcó a los pocos hombres y mujeres que aceptaron el reto de refundar Ibarra.

    La fecha, por cierto, no es motivo de conmemoración, celebración o festejo. El recuerdo debería servir para entender las razones: geológicas y constructivas que determinaron el alto número de víctimas. Examinar en qué medida la falta de una respuesta rápida resultó catastrófica, cuando impidió salvar a los enterrados que días después clamaban todavía por ayuda. La urgencia de contar con sistemas seguros de comunicación con las autoridades, y tener equipos preparados para trabajar en desastres de la magnitud del que destruyó buena parte de Imbabura. Indudable que desde 1868 han cambiado muchas cosas, incluso la tecnología. Pero la prevención, la preparación, las normas constructivas deben aplicarse a rajatabla.

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