La paz se vuelve esperanza para el pueblo de Colombia

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3En los pueblos y campos del departamento colombiano del Cauca, hasta no hace mucho feudos de la guerrilla de las FARC, el alto el fuego definitivo que comienza este lunes llena de esperanza a quienes han padecido el conflicto, muchos de ellos, indígenas.

Una señal de que los tiempos han cambiado está en los muros de las casas de la localidad de Corinto, en la zona montañosa del Macizo Colombiano, donde tradicionalmente las FARC pintaban letreros con amenazas y advertencias a la población, y ahora aparecen frases como "Cese al fuego bilateral" o "No más desplazamiento por causa de la guerra".

Sin embargo, en otros lugares el rostro del fundador de las FARC, Pedro Antonio Marín, alias "Tirofijo", todavía aparece impreso en tinta roja sobre las señales de tráfico en la carretera que conduce a Corinto, pueblo que tuvo que sufrir numerosos ataques de la guerrilla, uno de los cuales dejó nueve militares muertos en noviembre de 2009.

Pensar en una paz que nunca han conocido llena de ilusión a la gente, y a ella se aferran porque no quieren seguir viviendo en medio de tiroteos y explosiones a los que llegaron a acostumbrarse, como aseguró a Efe Idalia Ospina, comisaria del Resguardo Paez de Corinto.

"Para una comunidad como nosotros es muy bueno, porque hemos sido una de las más afectadas por el conflicto armado pues hemos puesto nuestros hijos como víctimas ya que la guerra nos ha afectado de una u otra manera", manifestó Ospina.

El Cauca, situado en el suroeste del país, es uno de los departamentos con mayor proporción de indígenas, especialmente los pueblos Paeces, al que pertenece Ospina, y los Guambianos, y es también la región de Colombia con más conflictos de tierras.

La líder indígena se aferra a Dios para pedirle que lo que se acordó en La Habana se haga realidad "porque es que a veces se habla muy bonito pero si vamos a ver la realidad acá en nuestro resguardo a veces no se cumple", dijo.

Ospina reconoce sin embargo que desde hace tiempo están más tranquilos, aunque no del todo, pues en julio de 2015, días antes de que las FARC declararan el último alto el fuego unilateral, un hostigamiento al Ejército les dio un nuevo susto.

"Hemos podido dormir más tranquilos porque no tenemos el hostigamiento de la guerrilla, ni hemos vuelto a escuchar a nuestra espalda los 'tatucos' (explosivos fabricados por los rebeldes) y las balas", comenta.

Recuerda claramente el ataque de 2009 al puesto de Policía. "Vi muchos soldados muertos y es algo aterrador", dice para agregar que en esos tiempos "de noche no se podía dormir y de día no se podía trabajar, en todo momento sonaban las balas, y ya se le volvía a uno costumbre".