Alberto Acosta: ‘No estamos ni tan bien ni tan mal’

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acostaEl economista Alberto Acosta, expresidente de la Asamblea Constituyente de Montecristi, estuvo en esta ciudad para acompañar a quienes son parte del Acuerdo Nacional por el Cambio.
Si para el año 2016 se proyecta una leve recuperación del crecimiento regional (ver cuadro) que según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y El Caribe) son estimaciones sobre la base de cifras oficiales, para Alberto Acosta “la situación es delicada y amerita un cambio”.

¿Dónde nació el Acuerdo Nacional por el Cambio?
Surge desde las luchas populares en contra del correismo, que terminó por traicionar las expectativas que tenía el pueblo ecuatoriano y pisoteó la Constitución de Montecristi que había servido de base para una gran transformación democrátiva.

¿Pero la fuerza política en dónde radica?
En los trabajadores, desde ahí y desde la CONAIE se planteó el Acuerdo que asuma la tarea política para enfrentar las próximas elecciones y por lo tanto, lo que se hace es recuperar todos aquellos mandatos que provienen de estas organizaciones para enfrentar una situación sumamente critica, compleja y difícil en lo político, en lo económica y en lo social.

¿Qué sucedió en el camino de la revolución?
El presidente de la República y su grupo optaron por distanciarse de lo que se estableció en la Constitución de Montecristi desde un principio.
Este gobierno terminó por distanciarse de lo que fue una propuesta posneoliberal para impulsar políticas ansiadas por los neoliberales.

¿Como qué por ejemplo?
La flexibilización laboral, tratado de libre comercio con la Unión Europea, impuestos regresivos como incrementar el IVA, el hecho de entregar los campos maduros a las grandes transnacionales, las privatizaciones, criminalización y persecución a los luchadores sociales y a quienes defienden el derecho a la vida, al agua, a la naturaleza.

¿Cuáles son las alternativas válidas para el país?
Hay la necesidad de una política clara de reactivación de la economía a partir de las pequeñas y medianas empresas y no apostando por los grandes grupos económicos como lo ha hecho el gobierno de Correa, que les ha beneficiado como nunca en la historia ecuatoriana, sino por las pequeñas y medianas unidades de producción, del campo y la ciudad, las cooperativas, las asociaciones, las comunidades, todo lo que representan esas pequeñas empresas de artesanías, agroindustria, producción agrícola y campesina en particular y en ese sentido tenemos que trabajar también para ver cómo se financia el Estado de una manera adecuada, en donde el que más gana y el que más tiene, debe aportar.

Eso parece fácil, pero en verdad, ¿se puede?
Si se desplega lo que dice la Constitución de Montecristi se pueden hacer los cambios, lo que pasa es que este gobierno ha traicionado la Constitución, la ha atropellado, la ha pisoteado para concentrar más poder e impedir que el pueblo participe activamente en la definición de sus políticas y la definición de su destino.

¿El país toca fondo?
Es una pregunta muy compleja. La situación es difícil y yo no entraría en semejante tremendismo. No estamos tan bien como dice el gobierno, ni tan mal que esta es la peor crisis económica del Ecuador. Lo que hay que impedir es que lleguemos a tocar fondo.